El lugar donde las decisiones de diseño en fases tempranas protegen la precisión, los presupuestos y la flexibilidad futura en los nanolaboratorios.
Las instalaciones de nanotecnología dependen de condiciones excepcionalmente estables. Al controlar las vibraciones y las interferencias electromagnéticas desde el inicio, es posible salvaguardar tanto el rendimiento científico como la flexibilidad operativa a largo plazo.
En Deerns, entendemos los nanolaboratorios y las instalaciones de fotónica como entornos de misión crítica donde el edificio en sí no es el producto, sino el proceso. Los equipos más avanzados son sensibles no solo a perturbaciones evidentes, sino también a otras menos visibles: microvibraciones que se transmiten a través de los forjados y las estructuras, y campos electromagnéticos generados por sistemas de transporte, distribución eléctrica e incluso por la actividad cotidiana del campus.
El silencio es un parámetro de diseño medible
Dos parámetros de rendimiento son clave en las fases iniciales del diseño: los criterios de vibración (VC) y la interferencia electromagnética (EMI). Ambos están regulados por estándares estrictos, pero en la práctica no basta con cumplir una prueba puntual, sino que es necesario garantizar resultados consistentes. Un proceso que funciona una vez no es suficiente; un nanolaboratorio debe ofrecer los mismos resultados un martes por la mañana que durante un mantenimiento programado en fin de semana
Las zonas silenciosas son aquellas en las que las condiciones del emplazamiento, la estructura, los sistemas MEP y el comportamiento de los usuarios contribuyen conjuntamente a alcanzar el nivel de sensibilidad que requieren los equipos.
Empezar por el emplazamiento, no por el edificio
Las grandes instalaciones de investigación suelen desarrollarse en entornos de campus complejos, donde las decisiones clave de planificación se toman en fases tempranas del proceso. Cuando la ubicación de un nanolaboratorio se define antes de comprender plenamente todas las condiciones técnicas, las fuentes externas de vibración y la interferencia electromagnética (EMI) pueden convertirse en factores de diseño relevantes. El tranvía, las carreteras con tráfico intenso, las obras cercanas y las rutas logísticas pueden influir en la distribución de los laboratorios y en la ubicación de los equipos más sensibles. En algunos casos, pueden ser necesarias estrategias adicionales de mitigación para garantizar los niveles de rendimiento que exige la investigación avanzada en nanotecnología.
Proyectos como DTU Nanolab ponen de manifiesto cómo las infraestructuras de campus evolucionan con el tiempo. Los grandes desarrollos de infraestructuras, como nuevas líneas de tranvía, suelen tener plazos de planificación y construcción que superan con creces los de los edificios individuales. Una vez en funcionamiento, su carga electromagnética y su perfil de vibraciones pasan a formar parte del contexto a largo plazo que las instalaciones de nanotecnología deben tener en cuenta.
3 preguntas clave sobre el emplazamiento en fases tempranas:
- ¿Qué corredores de transporte existentes y previstos (como tren, tranvía, autobuses o tráfico pesado) se encuentran dentro del radio de influencia de las zonas de sala blanca propuestas?
- ¿Cómo será el plan de desarrollo del campus en los próximos 10–15 años y qué métodos constructivos se permitirán cerca de áreas sensibles?
- ¿Dónde puede protegerse una zona con baja interferencia electromagnética (EMI) y baja vibración mediante normativa, no solo mediante soluciones de ingeniería?
Aquí es donde la due diligence temprana aporta valor. Con las mediciones adecuadas y un enfoque basado en escenarios, el cliente puede evitar comprometerse con un emplazamiento que posteriormente requiera un Capex desproporcionado, implique riesgos en el programa y limite la operativa.
Fuentes internas que requieren una definición temprana
Una vez definida la estrategia del emplazamiento, las fuentes internas de vibración y de interferencia electromagnética (EMI) pasan a ser la siguiente prioridad.
4 factores clave a tener en cuenta:
- Transformadores, sistemas UPS y cuadros eléctricos: una alta carga eléctrica suele correlacionarse con mayores perturbaciones.
- Unidades de tratamiento de aire, ventiladores y bombas: las vibraciones pueden transmitirse a forjados y estructuras si no se aíslan y canalizan correctamente.
- Ascensores y transporte vertical: grandes masas de acero pueden alterar los campos magnéticos a distancias mayores de lo esperado.
- Servicios de proceso (gases, productos químicos, vacío): las decisiones de trazado pueden añadir tanto riesgo técnico como coste.
Cuando los riesgos de interferencia persisten tras eliminar o reducir las fuentes, la cancelación activa puede emplearse como siguiente paso, aplicándola de forma selectiva allí donde esté justificado.
3 escenarios en los que los sistemas activos pueden estar justificados:
- Las fuentes externas no pueden desplazarse y la sensibilidad del proceso no es negociable.
- La zona silenciosa debe mantenerse estable incluso durante picos de actividad previsibles (como horas punta de tráfico o eventos programados en el campus).
- Las limitaciones de espacio impiden garantizar distancias de separación únicamente mediante la distribución.
Los sistemas de amortiguación activa de vibraciones y de cancelación de EMI pueden ser eficaces, pero implican una elevada inversión, consumen energía y pueden interactuar con sistemas adyacentes. Por ello, puede ser necesario establecer distancias mínimas entre las salas protegidas, lo que puede afectar a la flexibilidad a largo plazo de la instalación.
Diseñar en función de necesidades reales
No todos los equipos requieren los límites más estrictos de VC/EMI. Una sobredimensión amplía las zonas silenciosas, las exigencias estructurales y el apantallamiento, incrementando tanto el coste como el carbono embebido.
En Deerns, trabajamos estrechamente con nuestros clientes para comprender sus necesidades específicas. En el proyecto HTC 12 en Eindhoven, por ejemplo, aplicamos un enfoque basado en el proceso para limitar la zona más sensible y reubicar actividades alejándolas de las perturbaciones externas, manteniendo el rendimiento y reduciendo al mismo tiempo la necesidad de soluciones constructivas pesadas y medidas de mitigación complejas.
Diseñar para el cambio
Las salas blancas rara vez son estáticas: los equipos se desplazan, las cargas cambian y los entornos colindantes evolucionan. La ingeniería debe ir acompañada de normas operativas que mantengan intactas las zonas silenciosas, como programar el uso de montacargas fuera de las ventanas de ensayo, gestionar las rutas de suministro y definir requisitos de baja vibración para futuras obras en el campus.
Nuestro enfoque combina conocimiento del emplazamiento, ingeniería estructural y MEP, planificación de procesos y gobernanza a largo plazo. Dado que no existe una sala blanca estándar, no ofrecemos soluciones estándar. Adaptamos cada diseño a los procesos del cliente, su perfil de riesgo y su hoja de ruta de crecimiento, garantizando que el silencio siga siendo un activo fiable a lo largo de toda la vida útil de la instalación.























